La actividad física regular mejora el control de la glucosa en sangre e incrementa la sensibilidad orgánica a la insulina

La actividad física regular mejora el control de la glucosa en sangre e incrementa la sensibilidad orgánica a la insulina

Los pacientes con diabetes físicamente bien entrenados tienen una elevada sensibilidad a la insulina, lo que permite que la glucosa penetre en el músculo con mayor eficacia tanto en el ejercicio explosivo como en el continuado.

Este efecto es especialmente evidente en los pacientes con diabetes tipo 2 que son más resistentes a la insulina, lo que da como resultado un mayor porcentaje de llenado de glucógeno muscular. Por otro lado, los cambios crónicos se refieren más al reflejo en los incrementos de la cantidad total del tejido muscular metabólicamente activo. Las mejoras en la acción insulínica tras el ejercicio ocurren en todas las personas, sean o no diabéticas.

Las adaptaciones del entrenamiento pueden dar como resultado menores necesidades insulínicas totales, tanto las basales como las específicas de ingesta de alimento. Al reducirse los niveles basales de insulina, así como la dosis de insulina en las comidas antes del ejercicio, se puede disminuir el riesgo de hipoglucemia durante la actividad. Una estrategia alternativa es ejercitarse cuando los niveles de insulina están declinando o son más bajos, condición similar a la de una persona no diabética. Muchos pacientes con diabetes prefieren ejercitarse cuando los niveles circulantes de insulina están bajos o mínimos (a las tres o cuatro horas tras la última inyección de insulina de acción corta), para evitar la hipoglucemia.

Probablemente, los pacientes con diabetes son más conscientes de los cambios inmediatos en la sensibilidad insulínica que el término medio de las personas, ya que ellos se dan cuenta de que, por lo general, necesitan menos insulina para comer después de una actividad. El aumento en la sensibilidad a la insulina persiste también después del ejercicio, especialmente durante la fase insulino-independiente de la repleción de glucógeno (durante al menos 30 minutos después del ejercicio). Este efecto puede causar hipoglucemia cuando el ejercicio ha finalizado. La sensibilidad a la insulina comienza a disminuir tras un periodo de reposo, aún cuando éste sea de uno o dos días, a pesar de haber hecho actividad física durante largo tiempo. Muchos deportistas señalan que sus requerimientos totales de insulina se incrementan después de dos o tres días sin hacer su ejercicio regular.

Como se ha mencionado antes, el ejercicio por lo general afecta positivamente la sensibilidad a la insulina y los pacientes con diabetes muestran una mayor sensibilidad a la insulina poco después del ejercicio de intensidad moderada, e incluso el día después del ejercicio intenso. 

Sin embargo, en un estudio en corredores con diabetes tipo I se hallaron resultados sorprendentes: no había cambios en la sensibilidad a la insulina después de un maratón, en contraste con la sensibilidad incrementada que se observó después de practicar esquí de fondo. A pesar de un 50 por ciento de la depleción de glucógeno en estos deportistas, éstos no eran más sensibles a la insulina el día después del maratón que el día previo de descanso, habiendo incrementado la utilización de grasas como combustible. Sin embargo, estos hallazgos fueron similares a los encontrados en un deportista no diabético tras un maratón. Según tales resultados, este estudio muestra que los deportistas con diabetes bien entrenados intensifican la utilización de grasas y reducen la oxidación de glucosa, dando como resultado el ahorro tanto de la glucosa sanguínea como del glucógeno muscular durante y después de un maratón, de manera similar a las personas no diabéticas. Parece que esto es una adaptación normal al entrenamiento, que sucede tanto en los deportistas con diabetes bien controlados como en los deportistas sin diabetes.

Como se puede observar, muchos factores diferentes pueden afectar el control de azúcar en la sangre durante y después de una sesión de entrenamiento. Es importante considerar que el azúcar tiende a bajar en sangre en mayor medida cuando se participa de una actividad nueva o no habitual; pero la intensidad y duración del ejercicio también afectará a la utilización de la glucosa. Las actividades intensas pueden temporalmente elevar los niveles de glucosa sanguínea, pero pueden causar también su caída posterior, cuando el glucógeno muscular se está reponiendo. La recompensa del entrenamiento es que se disminuyen las necesidades totales de insulina con una sesión de trabajo regular de cualquier tipo.

Fuente: Diabetes y ejercicio físico/ Sheri Colbergm PhD, Prólogo de Edward Horton, MD/Pág. 41-43

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